Mi primera experiencia en el CEFERE

Durante el primer semestre del 2018, fui asignada para dictar un curso en el Centro de Rehabilitación Femenino (CEFERE).  Mi experiencia no solo fue inesperada, sino que superó mis expectativas.
Como profesora de Diseño Gráfico, he venido aprendiendo más que lo que enseño.  No solo me refiero al dominio conceptual, teórico y técnico dentro de mi disciplina.  Tratar con personas me ha permitido conocer sobre otras realidades,  sobre absurdos prejuicios y etiquetas sociales.  A este conjunto de experiencias se suma mi práctica como docente en el CEFERE.
  
El pasado viernes 27 de julio, mis estudiantes de Diseño y Composición de la Carrera de Modas que dicto en el Centro de Rehabilitación Femenino (CEFERE), presentaron sus proyectos finales que constaban de una maqueta de escaparate de moda que incluía, por supuesto, el diseño y confección de los vestidos a escala.
 
Fuera de las muñecas que simularían los maniquies del escaparate, todo el material era reciclado: Cajas, foam, telas, cartón y demás artículos que ellas, con su ingenio, fueron consiguiendo para elaborar su maqueta.
 
En la sustentación de sus proyectos, entre risas, ellas me contaron todos los obstáculos y vicisitudes que tuvieron que superar para terminar su proyectos y presentarlos a tiempo. Sus recursos son limitado, en todos los sentidos, pero esto no fue impedimento para presentar su proyecto semestral y aprobar el curso.
De esta primera experiencia trabajando con privadas de libertad, se resumen en dos ideas:
  1. Cuando uno quiere de verdad hacer algo, las excusas sobran.
    Para ellas se les hace difícil conseguir materiales fuera del recinto.  Solo cuentan con los recursos que están adentro y su creatividad.  Muchos de los diseñadores conocemos cuan creativos nos volvemos cuando un recurso, como el tiempo, se nos agota para una entrega.   Ellas estaban en la misma situación: Materiales, insumos, incluso el tiempo era limitado pues ellas llevan un horario.
    Pero ellas tenían un propósito y era presentar sus diseños tal y como ellas lo habían concebido y nada las iba a deterner en alcanzar sus metas.  Combinaban delineador de ojos,  máscara para pestañas y sobras de ojos con pegamento para pintar el foam que habían conseguido tirados en la basura.  Recortaron hierba del patio para simular la vegetación en sus maquetas, hicieron usos de cortinas viejas y de reciclaron regalos de sus familiares como pashminas traídas de Barcelona (este cuento se los dejo para otra publicación).Pero los materiales y el tiempo no solo fueron los únicos recursos que requirieron para terminar sus proyectos, necesitaron mano de obra.  Este punto me lleva a la siguiente lección.
  2. La solidaridad y la cooperación es clave para sobrevivir como sociedad.
    Las chicas me contaron como el resto de sus compañeras, que no pertenecían al curso, las apoyaron en la elaboración de sus proyectos.  Las otras detenidas estaban igual de entusiasmadas con las maquetas que las ayudaron a buscar materiales, a pintar, a pegar, a coser, incluso les cedían materiales de su propiedad como cuentas, hilos, tejidos para que mis estudiantes pudieran realizar un proyecto con la mayor calidad a su alcance.  ¡Mi fe en la humanidad ha sido restaurada una vez más!

El entusiasmo y empeño que las chicas demostraron en el desarrollo de sus proyecto es lo que me motiva a seguir dando clases.  Quiero por lo tanto agradecerle una vez más a mi Coordinadora de Carrera, Jackeline Juárez, por la oportunidad brindada; a la profesora Blanca Sagel, quien me orientó sobre el tema de moda;  y a mis estimadas estudiantes, quienes asistían a la clase con el mayor ánimo y disposición para aprender.

 

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